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Hágase tu voluntad… también en la oficina

Uno de los ejemplos que recoge el libro y que ilustra algunas de esas claves, está relacionado con un médico ginecólogo, que era también directivo de un hospital. Esta persona logró, con paciencia, caridad y determinación, que en su institución se dejaran de practicar abortos.

Con nuestra libertad podemos hacer de este mundo el inicio del Reino de Dios.

«Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mt 6,10) son unas palabras de Jesucristo desafiantes para un profesional católico que vive con los pies en la tierra y el corazón dirigido hacia el cielo.

Vivimos rodeados de muchas tareas pendientes, plazos que cumplir, agendas apretadas y un tiempo que siempre parece insuficiente para dedicar a Dios, a la familia y a los amigos. Hay tanto que hacer… entones: ¿descubrir la voluntad de Dios no será un peso más?

El libro Elige la vida: una invitación a moverse con libertad en los planes de Dios, del sacerdote Gerard Jiménez, es una guía espiritual para comprender que los planes de la tierra pueden formar parte de los planes del cielo. Estas son las cinco claves principales que plantea el libro.

Descubrir la amplitud de los planes de Dios: Dios no es un competidor, Dios nos ha creado para ser felices y desea estar con nosotros las 24h del día: nos ha confía su mundo para que lo cuidemos. Y, a través de la gracia, él permanece con nosotros para ayudarnos, alentarnos y estimularnos. Somos sus hijos y él está cerca.

Saber que Dios disfruta de nuestra libertad: con nuestra libertad podemos hacer de este mundo el inicio del Reino de Dios, ya sea con un trabajo o con otro, viviendo aquí o allá, a través de un pasatiempo o empezando una iniciativa social, etc.

Tener la audacia de empezar cosas grandes: si hay emprendedores que se levantan cada día para llevar adelante causas nobles, los profesionales católicos deberían estar entre ellos. No son necesarias grandes cantidades de dinero o de tiempo para empezar acciones audaces. Sí se requiere fe en Dios y fe en los propios talentos que él nos ha dado. Podemos tener iniciativa en la propia empresa, involucrarnos en una asociación de nuestro ámbito profesional o en nuestro barrio, iniciar algún proyecto social relacionado con nuetro sector, etc.

Cuando las cosas se ponen feas, no todo está acabado: cuando en la vida surgen los problemas (fracasos, desilusiones, etc.), Dios no nos abandona, la vida no es una calle sin salida. Dios nos regala el tiempo: sigue invitándonos a mirar el presente y el futuro como un espacio de esperanza. La luz de la fe entonces orienta nuestra libertad. Como en la parábola de los talentos del Evangelio: aunque parezca que una sola moneda sea inútil, Dios nos dice: ¡vale la pena invertir!

La ayuda del acompañamiento espiritual: descubrir la voluntad de Dios en medio de tantas tareas y desafíos no es siempre sencillo. Por esto, la oración y la ayuda de la dirección espiritual son un tesoro para un católico. Nos permiten ver mejor nuestro entorno y también nos permiten leer mejor nuestro corazón, que necesita ser purificado y ser encendido de nuevo en el fuego del Espíritu Santo.

Uno de los ejemplos que recoge el libro y que ilustra algunas de esas claves, está relacionado con un médico ginecólogo, que era también directivo de un hospital. Esta persona logró, con paciencia, caridad y determinación, que en su institución se dejaran de practicar abortos. Lo curioso de la historia –real– es que siendo él católico y tratando de mejorar su entorno laboral, al mismo tiempo debía “soportar” las críticas de una persona que formaba parte de una asociación pro vida, que se había propuesto levantar la voz ante los crímenes que se llevaban a cabo en esa clínica de maternidad. Ambos perseguían el mismo objetivo y cada uno de modos y desde posiciones diversas. Esta es la belleza de la variedad de caminos para mejorar el propio entorno con ambición y desde la fe.

P. D. El año pasado, cuando los invitados llegaban al recinto para la Gala de Liderazgo de Tepeyac, les hicimos una pregunta sencilla pero importante. Sus respuestas fueron reflexivas, sinceras y profundamente esperanzadoras para el futuro de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad. En el video a continuación, verán una recopilación de sus respuestas.

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